12 agosto 2016

PATON
En ese abrazo, en esa vibración ancestral del fuego, en ese temblor de la semilla del alma, en ese viajero anidaba LA PALABRA. Esa sustancia amamantada por siglos sobre el agua, ese monstruo con las escamas grises de saberlo todo…en el remanso, en el amarillo de la chispa de la luz del remo apartando camalotes… En el néctar naranja de la melancolía, ese de llevar a cuestas los mil niños de barro, los niños del adiós en la costa ingrata, ese filoso borde de las despedidas. Acaso la tormenta interminable del silencio de los días sobre esa cáscara, como nave, que apenas murmura latir de vida, esa, que completa al fin su cuerpo solo para un expediente terrenal del vez en cuando. Con esa mirada, desplegada sobre el mapa de su alma/verdad, arremete indicado el viento sur, contario de sus horas, alejador de destinos precisos, prueba innecesaria de su derrota contra el temperamento de este animal marino. Pero es prueba al fin, y feroz golpea con furia en las tardes largas contra la caja de su pecho y de sus huesos “Cometa Viajera” de la infancia. En otro instante pegado a este, un rosario de pájaros, siluetas negras en el misterio de la fe, le entregan oraciones en lenguas sagradas, para su único alimento, ciego motor del navegante para espantar al fin todos los males, en el anticipo de otro puerto… Hermano, amigo, hueso, espuma verde de esos amargos en el amarre, algo vibra en ese animal marino que nace de los ríos interiores, pisa Patón tierra firme, los ojos en lágrimas…la piel curtida, el corazón bombea… y ruge la palabra, la primera, la imprescindible, la que llena de VERDAD para siempre a toda la casualidad del encuentro.


16 febrero 2016

La fe de un pueblo que desafía la crecida del Paraná.

Como todo acto ritual, a mediad que se avanza hacía ahí van perdiendo utilidad las simples palabras, esas que quedaron abandonadas en el puerto de la colonia Cecilio, solo el baile en soledad de “antoñito” y en esa afiebrada siesta de febrero fue el aventón para que se iniciara  el peregrinar sobre el río Paraná, el implacable, el sabio, la sustancia mayor sobre el que se respiraba aún más en silencio.
De aquí en más solo fuimos ovillando historias mínimas y rostros niños, y abuelas de piel curtidas por el norte y la tormenta en esas ranchadas de perros flacos, en esas noches de estrellas y espineles, para que “un día el hambre y la enfermedad no pueda al fin con esta raza de isleños”
Hacia el norte en desafío, pasar por la imponente Punta el Rubio, donde sobre una loma está aún el viejo cementerio de pobladores, enterrados frágiles en la arena alta, lejos de la crecida, como un memorioso legado, de aquí, sobre la canoa la muerte es nada, es resurrección en esa mezcla que da el cigarro en esas horas del crepúsculo.
En el espejismo verde de la Isla Gaycurú, se escuchan unos estruendos de bombas y las embanderas embarcaciones salen a custodiar y a desafiar con “santa rabia”, con la Itatí a cuestas, sobre la espalda poderosa de ese otro santo del agua.
Me dice Daniel “Ernesto Chamorro soñó hace dos noches atrás que la virgen le pedía salir a navegar y proteger las costas de la crecida”, ya nada detuvo entonces a estas 60 familias de pescadores, menchos, mujeres y niños a dejarse proteger, esa devolución escasa pero milagrosa, ese pedido comunitario, ese rezo en el que entran todos, o nada, ese gesto iluminado del sueño donde la Itatí, quizás en guaraní le habla a ese puñado de sus hijos.
Río arriba, al costado de la isla, aparece la gramilla verde señal de que el agua se toma un descanso, de ahí pasar por el “cocal” donde ya no está más la escuela primaria, contar de ano los puestos, los nombres, los sobrenombres, la que quede en pie, para iniciar de nuevo el ciclo, Doña China, en la misma canoa, desagota instintivamente el agua que ingresa, y recuerda a su madre fallecida a fines de diciembre, sobre su rostro el sudor de la siesta mezcla alguna lágrima verdadera, para sellar este instante, cargados nubarrones y aves solitarias pasan, solo pasan desconcertados reflejados en sus sombras.
Trepando sobre ese lomo brillante, la canoa mayor gira ya sobre el puesto de “Vargas”, y río al sur… nos dejamos llevar.
“ahora sí” se inflama el pecho de ”ojedita”, vamos nomás!!!!
Silencio, rito y misterio, más antigua que la lengua, antes que la religión, antes que la pobreza fuera peste, antes ya estaban sobre las canoas estos seres ”isleños” les dijimos por decir algo, para tranquilizar a nuestra mezquinas almas costeras…
La Itatí, tocó el puerto esa tarde, como una sentencia, como un rayo, para devolvernos precarios en nuestras carencias, de esas 10 canoas, bajaron guardianes, guerreros, tribu





de ancestros, gente de bien, rostros honestos, gurises conectados al cordón umbilical del barro.
Ya no quise ver el regreso, si vi como las madres cargaban el agua bendita cerca de sus pechos y cerca de sus niños, porque ellos aún creen en este encuentro…
No sé si bajarán al fin las aguas, pero ellos sobrevivirán a pesar de ello… creo ver unas sombras, sobre esas canoas, sobre la correntada, sobre el remanso, al filo de la candela de un lucero, habrá un rezo, nacerá un niño, morirá un anciano… y renacerá la vida, sobre ese verde espejismo de la Isla Guaycurú.







01 febrero 2016

DULCINEA

“Dulcinea” sueño y realidad educativa
El mural gira alrededor de una figura imposible, que solo puede existir en la fantasía de los poetas, los enamorados y los locos, pero que, a su vez, también ha logrado conmover a miles de lectores durante siglos.
“Dulcinea” (arte, educación, proyectos, comunidad) entra en la composición central acompañando desde el espacio del jardín e integrando a la escultura del Quijote de La Mancha…un sueño hasta aquí solitario, aquí el mural cierra el contexto, cumple la narración, encuentra al fin un lector y al fin un espectador, al que con solo un toque de vista desde la calle, desde su recorrido diario (alumno, docente, directivo, invitados) transitan el espacio de ese “clásico” siendo parte de él.
“Dulcinea del Toboso” la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe, no es acaso la educación, la escuela, dentro de los procesos sociales y políticos, sus luchas solitarias, sus desventuras, su pasión educativa, en este recorrido institucional de sus 75 años.
 Si bien en el libro están  muy presentes las metáforas, el amor cortés y al predisposición e intensidad cada vez que el autor se dispone a hablar de su Dulcinea.
Con la misma intensidad, aquí, la escuela recibe ese desafío familiar como un legado compartido el educar, señalando acabadamente el camino a seguir (Familia izquierda abajo mural), con este punto de partida el recorrido ya es emotivo, son cientos de miles de alumnos que han pasado por las aulas, desde el emblemático Primer Edificio, que no logra destruir el paso del tiempo… en esa edificio de rejas antiguas, se inicia un murmullo de voces festivas, campanas, guardapolvos blancos, recuerdos de adolescentes, pulso comunitario, “La Vieja escuela” no es aquí una postal estática, es caja de música, lugar de encuentro, travesuras, profes y alumnos proyectando con alegría lo que vendría… cariño en ese espacio del mural, cuidando los detalles, cual su cuida a un abuelo sabio de la familia.
Procesos de cambios en el país, la llegada de la Democracia, tiempo de reflexión sobre un horizonte rojo de tiempo, por ahí, quedan esos monstruos Molinos Gigantes, perdiendo batallas con héroes anónimos (Sancho y el Caballero de la Triste Figura), en ellos a muchos, a todos, el personal docente de la institución, en cada batalla diaria por la educación del país, esas de las mil manos con tizas y pizarrones y consejos para toda la vida prendidos  al pecho de esos niños, adolescentes, jóvenes,  hoy hombres de bien, aquí en la ciudad, otros en cualquier parte siendo orgullosos del Nacio.
Como motor educativo, 1er centro en formación de maestros, Agrónomos, adultos.
Esa línea sigue hasta incorporar a otros Alumnos que ya esperan, tranquilos, confiados, pero ansiosos por las tecnologías, por la investigación, por las ciencias, por el deporte, por la inclusión, por la diversidad, por la conectividad, por esta forma de ser UNIVERSALES, desde la conexión informática, pero sabiendo aquí y donde sea que se debe obrar con responsabilidad.
Apenas sobre el horizonte de narración (Fondo) como línea de tiempo, en círculos de pasión, en ovillos de ideas y pensamientos, todo se agita, en turbulencia de un viento atemporal, porque aquí es donde recuperamos para siempre la Identidad, de que siempre fuimos todo y al m ismo tiempo… aún sin poder parar lo suficiente para la reflexión, el mural lo intenta, deja espacio para tu incorporación, aún con tu pequeño granito de arena, para la escuela, para la comunidad para la que al palabra solidaridad, no sea solo una acción, sino un valor definitivo camino al siglo institucional.
La piedra, la medalla, la moneda, la lágrima, el peso, el paso del tiempo, el sello está en el 75, una sentencia que nos vuelve reales por un momento, sin fábulas, sin sueños, sin futuro, todo un yo íntimo, seguir como… con que fuerzas!! Con quienes!! Con que metas, con que desafíos!!!!
Entonces “Dulcinea abre los ojos” enormes para mirar a sus amor correspondido invirtiendo el relato, sin búsqueda, ya solo encuentros.
Con libros en las manos, los que se escribirán siempre a pesar de mí, de mi tiempo, con esos simples lápices de colores, porque nunca están demás soñar las primaveras en las escuelas, con flores en este jardín, jardín para una comunidad toda, con ese perfume de ese tiempo que ya se viene se derribará quizás la rejas definitivamente de los flagelos de estos tiempos cortos (violencia, drogas, olvidos)
“Dulcinea” es esa mirada que atraviesa a todos nuestros Quijotes y sus utopías, es esa mirada cierta, potente de una institución educativa, que mira con los ojos de todos lo que fuimos, somos y seremos, este libro nuevo del Nacio, que se levanta en celebración de AMOR, porque al fin la educación es eso, y el AMOR  se celebra, porque EDUCAR siempre valió la pena.


Gustavo Oviedo/ Yak Karlen (Mural en el marco del 75 aniversario de la Escuela Normal)




19 noviembre 2014

"PANCHO"

Hay querido Pancho!!!
Escapaste antes de la noche de las brujas y sus lunas, de los angelitos bulliciosos de la siesta, de sus rezos, de sus escobas, y abriste los brazos para decir al mundo que algo merece la pena, ¡porque la vida vale la pena!!!
Y vendrá esa lluvia de los finales de octubre para bendecirte, y arruinar los titulares trágicos de los diarios y sus mentiras, como casi siempre…
Porque te esperamos sin darnos cuenta, cientos de tíos… poetas y guitarreros!! Porque no podrán con los buenos!!! Quédate tranqui!!!
Prestos a malcriarte de guitarras pequeñas desde la cuna, de chamamé y rock and roll, porque de eso estamos hecho, ese será tu avío del alma muchacho de barrio, que con tu mano pequeña tocaras al fin la rozada mejilla del Monchalo, y eso ya estaba escrito!!!
Ya abrirás los ojos, junto a los de Mariel y Andrés… mientras enciendo mi pipa, limpio mi casa, ordeno mis libros y te escribo despacito, bienvenido, el Flaco Spineta diría “bienvenido al jardín de los presentes”

REMIGIO

Las mandarinas, las quietas mandarinas de Remigio, en esa caja, vacía y liviana de la muerte… solo la certeza de estar ahí y comprobar como dejan este mundo en silencio los hombres santos, los buenos, los contados con los dedos de la mano, acaso que otra cosa busca el tiempo y sus discurrir, sino mostrar a pleno la baraja, de los hombres, de sus nombres, en su breve lapso sobre esta tierra, gris, para los pobres.
Anoche en sueños, me estirabas las manos, con esos dedos largos y marrones como habanos de un lado y las palmas claras, limpias para el injerto.
Veo tus uñas clavar la ancha cáscara de esas mandarinas, esas que las hiciste para mi infancia, para el sabor único que tiene la infancia, ahí en casa de los abuelos, en alguna tarde, en silencio como te gustaba hacer las cosas importantes y de lejos la radio con el partido de Racing, que quizás empate…
Esas tres únicas plantas de mandarinas, al bordecito de la tierra arada y al fondo la laguna, el otro misterio de las aguas, la escoba de pichana en silencio desde el ancho patio bajo las largas ramas de la mora, la fiambrera, el catre de Venancio en el alerito del rancho, y el juego de esos niños, ahora distantes, hermanos y primos…
Esas uñas clavadas en la cáscara de las mandarinas, hechas solo para la infancia, naranjadas brillantes de la tarde en las Lomas…
Esa sonrisa del Remigio, esas arrugas en la cara, la de los buenos tipos para siempre…. Y este mordisco que me da en el sueño, que me hace correr por ese campito del abuelo, rodear el rancho en plena siesta prohibida por los silbidos, y ahí morder de nuevo como lo hago ahora, esa mandarina de Remigio creada solo para la INFANCIA.

01 abril 2014

“ La niña perdida de Mizdraji en Bella Vista”

Hace algunos meses cuando el arte era universal en el pueblo, llegaba una exposición de pintura de José Mizdraji, de pequeños formatos, una gran obra dividida en 60 pequeños cuadros que fueron expuestos durante varios días en el salón Yapeyú  y otros en la oficina de la casa de la cultura.
Esta obra había llegado a la ciudad luego de ser precisamente cuidada y embalada en Ctes,  y luego descargada y colgada por su mismo autor con la colaboración minuciosa mía y de Mario sivori (Director de Cultura) en el salón, donde luego se inaugurara con presencia de público y en la semana muchas visitas de escuelas.
Cuando al muestra al fin finalizó, se realizó el proceso inverso, hasta habíamos guardado las misma cajas y los mimos papeles para devolver la obra a su autor…una siesta finalizamos la tarea y contamos la 60 partes de la obra increíble de José Mizdraji, todas  incluyendo las cuatro que estaban en la oficina de la calle salta, y así partió
Un jueves José me llamó con su tono amable y preocupado, que había notado  que solo del envío habían llegado 59 piezas, que podía ser un error, que no se acordaba de que cuadro e trataba, que nos  comprometíamos ambos a buscar, aquí y allá en su atelier, nos despedimos con un abrazo, luego de aquello aquí….
La gente con el salón vacío empezó a sentir no solo la presencia de una niña, sino que algunos la vieron, el sereno Carlos dejo de subir en horas de la noche para cerciorarse de que la luz estuviera apagada, por esa presencia, Pablo, también la vio una tarde noche cuando volvió a dejar algunas cosas en el depósito de arriba, los de la oficina de prensa, donde el vidrio es traslucido y no muy alto vieron la sombra de una niña jugar en el salón o oscuras, otros hasta creyeron escucharla o verla jugar con un globo en las sombras.
La leyenda empezó a crecer, típico de un enigma misterioso, los más escépticos  aun lo niegan, pero juro que  mí se me erizaba la piel al subir las escaleras silenciosas para llegar al Yapeyú en esos días enormes, vacíos, fríos y en sombras.
Al fin un viernes de tarde cuando el sol e ponía rojo en dirección a la plaza, sonó el teléfono, era la voz de José, diciéndome no te preocupes Gustavo la obra apareció, estaba muy bien envuelta en papeles y muy bien cuidada embalada por Marito seguro, nos dijimos…tímidamente le pregunte cual era la obra perdida y él me dijo con su voz tranquila
 La de una niña jugando con un globo en sombras contra en crepúsculo rojo.


(un tiempo después le conté a José la anécdota)

05 noviembre 2013

El espejo es un sueño

El espejo es un sueño, pero también un camino a la verdad como algo que se va construyendo con el tiempo, intuye Nazareno, queriendo crecer para encontrar los secretos de la poesía del amor y de la vida misma.
Tiene el poeta la mirada fija sobre ese camino de letras que se la van apareciendo como si nada mágicas y sinceras… encontrase con él como lector nos obliga entonces a realizar un recorrido en sentido inverso, leer y disfrutarlo encontrando nuestros niños perdidos en la locura del día a día de nuestras realidades.
De ahí escapa esta poesía…nazareno dice “en la que me veo, primero en la imagen y luego me veo en mi libro” con esta sentencia absoluta no solo rompe esa imagen por nosotros que nos tuvo detenidos, sin saber para donde era al fin la búsqueda, sino que también rompe al tiempo… y su poesía rompe EL ESPEJO.
Aquí, en está orfandad que se presiente triste pero inevitable para ambos Poeta-lector, todas serán a partir de ahora sentencias, donde el joven escritor ya es poeta, por una imposición divina, aún fuera de su tiempo, aún fuera de su niño.
“Pensar en ella, muchas partes del día, es decir te amo, todas las veces que se pueda”, milagro poético que sucede en un espacio mínimo (divido en partes aparece el tiempo como si fuera en un juego), donde nazareno nos hace ingresar y luego no s susurra al oído con una voz mínima, casi de pájaro, para expresar lo que el mundo cobarde Calla.
Nazareno se ausenta pero nos deja una clave…el reflejo vuelve en mí Lector, pero el espejo refleja como soy y no lo que siento, la imagen es difusa, pero en ese espejo quiero verme, pero para ello “tendré que buscarme nuevos sueños para llenar el lugar de los sueños cumplidos”.
Nazareno, solo sabe de buscar letras, robadas y mal usadas por el mundo presumiendo que las encontrará puras, para alguien, tarea que lo devuelve terrenal, trabajador, anuncia su yo hombre, cuando me afeite, cuando sea más alto y mis voz sea diferente, contiene toda una intensidad increíble, en su pecho, en su edad, en sus ser, y no sabe que también es para nosotros.
En soledad poética, unos de estos días o estas noches que ya no abundan… Naza, tomará la pluma y luego tomará el espejo para preguntarse dónde está el ser que tiene guardadas todas las respuestas, para ir en busca de su amor (lector)y dirá “caminaremos en la arena y la huella de mis píes serán más grandes que ayer”, quizás ese día llegará cuando el niño dragón, príncipe y mendigo que es Naza y que somos, seamos dueños al fin de todas las palabras.
Gustavo Oviedo- (Poeta y escrito) 7 de marzo de 2013



02 noviembre 2013

La siembra

La obra es considerada de perfil compuesto o de recorrido visual continuado en ambos lados del muro.
Si bien la similitud más cercana con otras de las ramas del ate es la del cine o cinta de imágenes, el mural “La siembra” no reproduce alegorías de la institución que si bien lo merecen por su recorrido histórico que respaldan sus 77 años.
La obra artística decide aparecer contando lo que la institución y sus hombres reproducen en el silencio del contacto humano del hombre agricultor y la ciencia o el aporte de la tecnología.
La carga histórica es entonces del hombre y la tierra, su tierra, en ella aparecen sus mitos que son ancestrales la madre tierra-  mujer nativa, origen de la América, es la misma tierra que se abre luego de germinar el pensamiento de la floración, entonces el mural se abre en flores blancas de azahar.
En contraste con esa calma de oración antigua, irrumpe un sol americano, descompuesto del inca símbolo de la bandera nacional, no frunce el ceño como señal de la guerra o la valentía, sino que, es el resultado de todos las posibilidades del clima, la lluvia, el viento, la seca, el frío los impensado del destino de la siembra, los trascendente e inevitable del clima sobre la futura cosecha.
El fondo entonces de la primera parte es una bandera nacional que recrea e invita a un sentimiento patrio de la argentina, que debate su patria agrícola en el bicentenario para entregarnos “un pensamiento reflexivo, aún juvenil, con raíces en la tierra y las manos desafiando un dios tan solo cotidiano.
Una clave nos deja este primer muro, una naranja abierta, como un reflejo ante un espejo, como una figura que conecta las dos etapas del mural, no es un aporte de identidad local como se podría suponer, sino una simbología que explica el cruce, la llegada, el desembarco del europeo y el aporte tecnológico desde la semilla misma del citrus.
La otra conexión está dada por figura livianas etéreas de pájaros que atraviesan en primer plano el muro, pájaros curiosos del misterio del siembra, dejándonos sensación de siesta y calor sobre el surco que siempre se abre como una constante.
Las garzas ya en el plano interno levantan vuelo, es mediodía, sobre la curva de la loma, es el mundo de este lado de las cosas, un sapucay y un chamamé le dan alimento al paso del arado.
El silencio es total en el rojo horizonte, donde la madre tierra es mujer compañera para amamantar el fruto recogido.
Es un día simple sin embargo, que comienza con un silencio nacido desde las cortinas de los eucaliptos, metáfora de los pensamientos del hombre, en él una semilla existe como un milagro que da sus frutos, el cotidiano oficio de hacer las cosas con las manos sabias, de la ciencia y de la vida.